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Kioto

Kioto

Como pudisteis ver en la ruta por Tokio, nuestra siguiente parada en la aventura nipona fue Hakone. No tuvimos suerte con el clima en Hakone y las espesas nubes nos impidieron disfrutar del monte Fuji, considerado el corazón de los japoneses. La oportunidad la tuvimos al día siguiente, con tiempo más soleado, en el tren bala que nos llevó a Kioto y desde cuya ventanilla se puede disfrutar de la montaña sagrada durante algunos segundos.

A diferencia de Tokio donde nos sumergimos en una ciudad moderna a la vanguardia de la tecnología más avanzada, en Kioto nos adentramos en algunas tradiciones icónicas del país que despertaron toda nuestra curiosidad y respeto.

geisha

Geishas

El antiguo barrio de Gion merece la pena visitarlo al atardecer. Los farolillos rojos de las casas de madera se encienden, creando una atmósfera muy especial, y de las okiya asoman las maikos y geikos con una elegancia sublime dispuestas a recorrer a pie la distancia hasta su lugar de trabajo ante la atónita mirada de los turistas.

Pensé que sería difícil encontrarse con ellas así que la primera vez que recorriendo una de las calles solitarias de Gion comencé a escuchar el sonido de un cascabel que se aproximaba por detrás tuve un pálpito, me di la vuelta y allí estaba ella a toda prisa, tan elegante y bella como la imaginaba.

Mi recomendación es pasear entre las 17.00 y las 18.00 por Hanamikoji-dori, cerca del restaurante Ichiriki-tei, y callejuelas de alrededor, y estar muy atentos, porque es posible que como un rayo se te cruce en el camino una de estas damas misteriosas.

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ceremonia del té

Ceremonia del té

Una de las experiencias más interesantes que vivimos fue asistir a una ceremonia del té. La guía japonesa que nos acompañaba nos compartió que esta disciplina, por sencilla que pueda parecernos, es todo un arte que requiere muchísimos años de estudio (hay maestros que llevan más de 20 años y siguen investigando y aprendiendo).

En ella, el anfitrión convoca a los invitados a disfrutar de esta bebida pero todo el proceso debe realizarse teniendo en cuenta una estética y un significado influenciado por el budismo zen.

Antes de entrar al salón de té, nos lavamos las manos y la boca en un lavamanos de piedra que había en el jardín, como parte de un ritual de purificación. Siguiendo el camino de piedras, nos invitaron a entrar por una pequeña puerta que obliga a pasar arrodillados (“a gatas”) y que simboliza que todos los invitados somos iguales y no existen jerarquías entre nosotros. El mobiliario era muy sencillo: un arreglo floral (denominado chabana, que tiene sus raíces en el ikebama) y un pergamino en la pared con una inscripción, ambos elegidos a medida para el evento. Y nuestra anfitriona comenzó a preparar el té realizando una serie de movimientos elegantes y precisos. La cerámica donde se sirvió tampoco era casual. Aquella hecha a mano, con más defectos y asimetrías es la más valorada, siguiendo los principios del wabi-sabi.

Una ceremonia que me dejó maravillada y que es todo un ejemplo de mindfulness: un ejercicio de gratitud y de poner foco en el momento presente con todos los sentidos.

pabellón de plata

Templos y santuarios

En Kioto visitamos varios templos, tal y como podéis ver más abajo en la iconografía con nuestra ruta. De todos ellos hay dos que son los más icónicos de la ciudad: el pabellón de oro y el pabellón de plata.

El pabellón de oro, o Kinkaku, es un edificio de tres plantas ubicado en los terrenos del templo que lleva su nombre. Las dos plantas superiores ¡están recubiertas con hojas de oro puro! En su inicio fue construido como villa de descanso de un shogun (la máxima autoridad que gobernaba en nombre del emperador) y actualmente guarda las reliquias de Buda. Está rodeado por un magnífico jardín japonés. El estanque que se ubica enfrente es llamado Kyoko- chi por su forma de espejo de agua y existen numerosas islas y piedras que representan la historia de la creación budista.

Si el pabellón de oro es una ostentación de poder y riqueza, el pabellón de plata es todo lo contrario. Porque además aunque la intención inicial del shogun que lo mandó construir era recubrirlo con láminas de plata, finalmente no se llevó a cabo tal empresa. La estética del pabellón y su jardín siguen la filosofía wabi sabi y por lo que escuché los japoneses están más orgullosos y se sienten más identificados con este “modesto” pabellón de plata que con las extravagancias del dorado.

Después de visitar el pabellón de plata se puede recorrer el Paseo del Filósofo, una preciosa ruta de unos dos kilómetros de largo, paralela al estrecho canal Shishigatani que forma parte del sistema de canales que llegan hasta el lago Biwa. Como veréis en las fotos, tuvimos suerte y todavía encontramos algunos cerezos en flor.

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Arashiyama

Bosque de bambú (Arashiyama)

El excursionismo, impulsado tradicionalmente en Japón por el emperador, es una actividad muy popular en el país. Y ellos son fervientes creedores de que rodearse de naturaleza tiene efectos físicos positivos y también para el alma. Shinrin-yoku (baño de bosque) lo llaman.

Nosotros aprovechamos una mañana de nuestra estancia en Kioto para ir al bosque de Arashiyama, al oeste de Kioto, al que se puede llegar en transporte público.

Un sendero delimitado por miles de bambús de hasta 20 metros de altura que se convierte en un lugar mágico, a pesar también de los miles de turistas que pasean junto a ti por el mismo sendero.

A mi me mereció la pena a pesar de la multitud, ser capaz de mirar hacia arriba y observar el regalo de la naturaleza es también un ejercicio de mindfulness. En cualquier caso he leído blogs en los que hablaban de cierto desencanto y lo puedo llegar a entender.

Nara

Nara

Nara, antigua capital de Japón en el siglo VIII bien merece una visita. Lo primero que hicimos fue ir al Nara Park, un gran parque en el centro de la ciudad conocido como "parque de los ciervos" donde habitan libremente cientos de ellos. Estos animales son considerados en la religión sintoísta mensajeros de los dioses y se han convertido en símbolo de la ciudad. Se les puede comprar comida y es muy gracioso cómo han aprendido a saludar “a la japonesa” de manera que si te inclinas hacia adelante, ellos imitan tu gesto porque saben que después recibirán una recompensa.

Después visitamos Kasugataisha Shrine, famoso por sus numerosos faroles de bronce colgados. Y seguimos rumbo al templo budistaTodaiji, que alberga una estatua gigante de Buda y actualmente sirve como escuela Kegon del budismo.

Para cerrar la jornada paseamos por Nara Naramachi, antiguo distrito comercial de Nara, que no fue afectado por los bombardeos de la II Guerra Mundial.

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Comer / cenar

Wakadori (Kioto): antes de nuestra visita al pabellón dorado hicimos una parada en este restaurante. Todo delicioso.

Wagyu Steak Seki (Nara): excelente restaurante, sentados alrededor de la plancha de hierro el cocinero iba preparando los alimentos y sirviéndolos. Altamente recomendable.

Ritz_Carlton_Kyoto

Dormir

Ritz Carlton Kyoto

Hakone

Algunos datos prácticos

Wifi: es difícil encontrar wifi gratuito en Japón así que nosotros decidimos alquilar un pocket wifi aquí. Por unos 50 € teníamos un router portátil al que se podían conectar 8 dispositivos y funcionó muy bien. Lo recibimos en el hotel en Tokio y además recibes un sobre para enviarlo de vuelta (nosotros lo hicimos desde Kioto).

Avión: volamos con Iberia a Tokio en vuelo directo. La vuelta la hicimos desde Osaka a Madrid con parada en Helsinki (Finnair + Iberia).

Guía y coche privado: casi todo la aventura japonesa la hicimos acompañados de un guía japonés que hablaba español. Eso nos permitió no solo comprender mucho mejor la cultura japonesa sino que además los trayectos los hicimos casi todos en coche para optimizar tiempos, ya que íbamos pocos días a cada ciudad.

Kioto_3_días
Groenlandia

Groenlandia

Tokio

Tokio