Islas Lofoten
3 junio 2018
Hace unos meses cruzamos la línea del Círculo Polar Ártico para recorrer por mar, tierra y aire unos paisajes extremadamente bellos y dramáticos. El agua, la nieve y una luz que cambiaba cada instante (para deleite de los fotógrafos) nos acompañaron durante un viaje que se quedará en nuestra memoria para siempre.
Finales de marzo de 2018: Llegamos a Lofoten por aire después de haber cogido 4 aviones (Valencia - Madrid - Oslo - Bodo - Svolvaer). No cabe duda de que es cansado pero las vistas aéreas cuando te vas aproximando a las islas son tan impresionantes que empiezas ya a darte cuenta de que la experiencia va a superar con creces cualquier expectativa.
Nos alojamos en Nyvagar Rorbu Lodge, un hotel formado por antiguas casitas de pescadores que está bastante cerca del aeropuerto. Y la bienvenida nos la dio nuestra primera y única aurora boreal.
Después de tal espectáculo, esa primera noche apenas pudimos dormir de la emoción así que al día siguiente nos levantamos a las cinco de la mañana, hicimos un café y salimos de la cabaña para ver el amanecer. Solo se oía el silencio y el revolotear de las gaviotas.
El plan de la jornada consistía en coger una zodiac y recorrer los fiordos de la zona norte. Durante la travesía por mar fue el momento que más frío pasamos a pesar de llevar nuestra propia ropa y encima trajes técnicos. No obstante, mereció muchísimo la pena.
Los otros dos días en Lofoten nos dedicamos a recorrer por carretera la zona sur, cruzando los puentes que unen unas islas con otras. Nos dijeron que en verano el tráfico está más denso pero la verdad es que durante nuestra estancia apenas se veía movimiento.
A pesar de todas las fotos que ya había visto de las islas, la sensación de estar allí es inimaginable, ver caer la nieve, tomar un chocolate caliente a mitad de tarde, el sonido constante de las gaviotas… Todo era tan diferente y único que habría detenido el tiempo para quedarme allí un poco más.
Nuestra guía de Lofoten
1. Nyvagar Rorbuhotell: alojamiento de clásicas cabañas de pescadores, ubicado muy cerquita del aeropuerto de Svolvaer. Las cabañas disponen de cocina, baño, salón y dormitorios. Además, si no quieres cocinar, el hotel dispone de restaurante.
2. Henningsvaer: puerto pesquero de frenética actividad durante la pesca del bacalao nómada (skrei). Bien merece una visita por bonito y por conocer cómo es un día de faena para estos pescadores. Comimos en Fiskekrogen, mientras observábamos la entrada y salida de los barcos.
3. Nusfjord es otro pueblo pesquero situado bajo las montañas y que ha sido declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco. En el Restaurante Karoline se come muy rico y las vistas son espectaculares.
4. Fiordo de Troll: dicen que es de los más pequeños pero también de los más bellos. El recorrido se hace en barco por el estrecho de Raft, ubicado entre montañas de granito.
5. Reine y Hamnoy: seguramente los sitios más conocidos y también más fotografiados.
6. Sakrisoy: otro pueblo muy pequeñito lleno de cabañas amarillas y de paisaje espectacular.
7. Playa de Rambergstranda: visitamos varias playas pero esta la descubrimos desde el coche cuando íbamos hacia el sur del archipiélago. Su pintoresca casita roja en medio de una playa desierta nos enamoró. ¿Nos quedamos a vivir aquí?